28. Puntos de Fuga
La noche se volvió un animal inquieto.
El viento golpeaba las ventanas como si buscara entrar, y el techo crujía con un lamento viejo. Fran no había vuelto a hablar desde el mensaje. Se quedó mirando el fuego hasta que el fuego empezó a mirarlo a él.
Yo no podía dormir. Daba vueltas con mi lobito a mis pies, que se movía cada vez que yo lo hacía, como si compartiera la inquietud.
—Decime la verdad —dije al fin, desde la oscuridad.
Fran levantó la cabeza lentamente, sin sorpresa.
—¿Qué querés sa