113. Vidrio
El pasillo de servicio bajaba en espiral, como si el edificio hubiera decidido tragarnos de a poco. Cada escalón devolvía un sonido seco, metálico, amplificado por las paredes curvas. No era un eco cualquiera: era un registro, una constancia de que seguíamos avanzando. A medida que descendíamos, el aire se volvía más denso, más frío, cargado de una humedad que no era del todo salina ni del todo artificial. Sentía el rumor del mar filtrándose por las grietas invisibles, una respiración enorme ac