109. 12:12
Llegamos a la plaza con el sol más limpio que ayer, como si alguien hubiera lavado el cielo durante la noche. No era un sol heroico; era un sol que cumple. La radio del maestro quedó en el centro, sobre una mesa plegable, como un altar pagano al que nadie le reza pero todos respetan. A un costado, tres computadoras con baterías externas y cables que parecían raíces buscando tierra. Del otro lado, dos columnas de texto impresas, sujetas con broches de madera, por si el mundo decidía volverse ana