23. Tormenta adentro
Mile
La lluvia empezó a mitad del trayecto. Fuerte, oblicua, con ese orgullo de tormenta que te obliga a reconocerla. Fran condujo en silencio, concentrado.
Su departamento no estaba lejos: un edificio antiguo, de pasillos largos y ladrillo visto. Olía a madera y a historias.
—Pasa —dijo, abriendo primero para mi pequeño lobito—. Es su casa también.
El living estaba medio a oscuras; la luz del edificio se había ido en un parpadeo. Fran encendió dos velas y un par de lámparas a batería. La sombr