108. La última copia
Esa noche, la cooperativa tuvo un silencio distinto. No el de las cosas apagadas, sino el de las cosas concentradas. Abrimos los tres discos en tres computadoras aisladas, viejas pero nobles, de esas que no piden permiso para seguir funcionando. Vera y el técnico amigo —el de las radios viejas, el que sabe escuchar ruidos donde otros oyen interferencias— revisaron sector por sector, checksum por checksum, como quien palpa un cuerpo querido buscando confirmar que sigue ahí.
—Integridad completa