OSCURIDAD.
MELISA.
Entro a la suite de recuperación de la mansión. El aire es tranquilo y el lujo contrasta con la palidez de Mikeila. Ella está recostada, recuperándose de la traición de la otra empleada, esa malagradecida cuyo paradero desconozco y, francamente, no me interesa.
Me acerco a su lado, vibrando de emoción. Extiendo mi mano izquierda justo delante de su rostro. ¡Mira esto, Mikeila!
La luz de la araña golpea el anillo de compromiso. El diamante es enorme, un estallido de brillo que capta toda