UN FINAL FELIZ.
MELISA.
Pasan nueve meses desde aquella boda solemne. El peligro de Oleg es ahora una pesadilla distante, y la vida se asienta en el lujo vigilado de una mansión de la costa. El embarazo me transforma, dándome una plenitud y una calma que jamás conocí.
Estamos en un día radiante. El sol de la mañana se filtra a través de las palmeras, y el aire huele a sal y a jazmines. Estoy flotando perezosamente en la inmensa piscina de borde infinito. El agua tibia abraza mi vientre, que es un mundo complet