KOSTAS.
El rugido de los motores rasga la tranquilidad de la noche en las colinas. El Mercedes-AMG de Kostas no se detiene; se desliza a toda velocidad por la entrada principal de la mansión. Detrás de él, la furgoneta blindada de Herodes y su convoy de camionetas cierran la formación, actuando como el refuerzo que la situación desesperada exige.
Saltamos de los vehículos incluso antes de que las ruedas dejen de girar. La escena es un caos controlado: nuestra mansión, que debería ser un bastión