PROPUESTA.
MELISA.
La luz del sol de Aruba se filtra a través de las cortinas, pintando rayas doradas en el suelo de la suite. El aire acondicionado combate el calor exterior.
Abro los ojos lentamente, sintiendo el delicioso dolor muscular que solo una noche como la que acabamos de pasar puede provocar. Las sábanas están irreconocibles, un nido revuelto que huele a perfume, sudor y el aroma inconfundible de Kostas.
Me estiro perezosamente, y mi mano busca automáticamente el otro lado de la cama. Está vací