Llevaba unos minutos solo en mi despacho pensando en la información que había recibido hace algunos días cuando Marcos entro en mi despacho.
El sonido del vidrio quebrándose contra la pared resonó en la habitación.
Me pasé una mano por el cabello, con mi mandíbula apretada mientras Marcos se mantenía en silencio frente a mí. La nueva información que acababa de recibir no era sorprendente, pero sí suficiente para hacerme hervir la sangre.
—Así que Carlos si se atrevió a mover mi mercancía —murmu