El eco de sus pasos alejándose aún resonaba en la cocina. La forma en que se había ido, con la espalda rígida y las mejillas sonrojadas, solo lograba arrancarme una sonrisa de satisfacción.
Isabelle podía fingir todo lo que quisiera, pero su cuerpo la delataba. Su mirada, su respiración entrecortada cuando me acercaba demasiado...
Me incliné contra la encimera, tomando el vaso de jugo con calma, aunque mi mente estaba lejos de la tranquilidad que mi postura aparentaba.
Anoche había sido un e