Capítulo 18.
El sol apenas empezaba a iluminar el cielo cuando las criadas habían entrado en mi habitación sin ningún anuncio previo.
Me desperté sobresaltada, sintiendo un nudo en la garganta cuando las vi moverse con precisión, colocando telas, cajas y accesorios sobre cada superficie disponible.
—Señorita Isabelle, buenos días.
—Tenemos mucho que hacer -anunció Mía, la asistente de mi padre, con su acostumbrada eficiencia—. Su padre quiere que todo esté listo antes de la boda.
Me senté en la cama con