El humo de la pólvora aún flotaba en el aire cuando bajé mi arma y observé el caos a mi alrededor. Cuerpos tirados en el suelo, algunos de los hombres de Carlos aún están sollozando de dolor, otros ya sin vida. El fuego cruzado había sido intenso, pero la victoria era nuestra.
—Joder... —murmuró Marcos, limpiándose la sangre de la ceja mientras miraba el campo de batalla—. Se resistieron más de lo que esperaba.
—Lo esperaban —respondí, guardando mi arma en la funda—. Pero aun así, los tomamos