Alana miraba a la chica de arriba abajo con desdén y antipatía.
Liliana sintió un peso en su corazón, bajó la mirada.
—¡¿Qué has dicho?! ¡Ella no es ninguna criada! Es mi esposa, Liliana Vicent, mi esposa.
Demian le dio la mano a su mujer y la puso ante su madre.
Alana retrocedió, cuando escucharon que un vaso se hacia añicos en el suelo.
La joven que lo traía estaba perpleja con ojos enormes, al borde de las lágrimas.
—¡¿Tu… esposa?! ¿Qué clase de broma burda es esta, Demian? ¿Te casaste