Demetrius y Demian estaban en el despacho.
—¿Y qué tal Firuze?
Demian negó.
—Mejor no hablemos de eso.
—¿Te has retirado de lo otro? —exclamó su hermano con intriga
—Claro que sì, nunca volveré a ser lo que era antes, quiero ser un buen hombre para mis hijos.
Demetrius sonrió, se levantó y tocò su hombro.
—Eso pasa cuando eres padre, piensas mejor que antes, es como si tuvieses un sentido arácnido, quiero decir, comienzas a ver los peligros que antes te parecían burdos.
Demian asintió.