Liv temblaba, negó.
—¡No puedo hacerlo!
—¡Lo harás! No olvides que tienes una deuda conmigo —dijo y se acercò, pellizcó su mejilla, ella le mirò con ojos llorosos.
—¡Por favor…!
—Si no lo haces, inventaré algo sobre ti, te enviaré a prisión, ¿quieres eso?
Liv negó.
La mujer saliò y ella escuchó como cerró la puerta con llave, Liv quiso gritar, pero su vientre dolió, fue al baño retorcida de dolor, y vomitó.
Estaba lívida, supo que no tenía otra opción, ninguno de los Vicent la ayudarían,