Liliana recordó cuando Azael sin miramientos, ni arrepentimientos fue capaz de enviarla a prisión, y nunca atendió a sus suplicas, incluso tuvo un escalofrío.
—No me odies, por favor, no me odies.
Liliana abrazó a Demian.
—No te odio, despues de conocer a Azael, sé que tuviste razón.
—¿Tanto daño te hizo?
Liliana tenía una mirada de amargura.
—No le importó nada, supliqué que no me llevara a prisión que escuchara mi verdad, pero no lo hizo, quizás fue mi karma por cómo te traté.
Demian ne