Cuando Liliana abrió los ojos, lo primero que vio fue el techo blanco de esa habitación, no sabía en donde estaba, por un instante no supo nada de sì misma, hasta que, al cabo de un segundo, los recuerdos volvieron a ella como un torbellino.
Abrió ojos enormes, cuando mirò frente a ella esa figura.
El hombre sentado en una silla, con piernas abiertas, sus codos se apoyaban en cada pierna, y su barbilla estaba sobre sus manos, mientras la admiraba, con ojos grandes y atentos.
Liliana sintió un