Aunque no tenía muchas energías, en el transcurso del día me la pasé investigando todo lo posible a Oliver. Cristian, a través del teléfono, me ayudó bastante, indicándome exactamente cuál era la rutina que él había logrado interceptar del empresario. Lo cierto es que era un hombre bastante impredecible o metódico: a veces iba a un bar, a veces iba a una cantina, a veces se pasaba por un foro estímulo y a veces, de repente, ni siquiera salía de la empresa y pasaba la noche allí.
Pero después de