La mujer había aparecido de repente, no nos había dado un solo espacio para al menos intentar apartarla. Se plantó frente a la puerta, observando lo que era ahora el cadáver de su esposo.
— ¡No pueden hacer esto! — gritó nuevamente.
En ese instante agradecí haber dejado al pequeño Liam al cuidado de la niñera en la casa de Santiago, porque supe que las cosas se saldrían de control en ese momento, y no me equivoqué. La mujer empujó a la doctora, que estaba preparando su instrumental para salir