Todos nos quedamos en un absoluto silencio, mientras Izadora parecía rebuscar en sus memorias las cosas que quería contarle a Nicolás. Todos sabíamos que no sería nada bueno. Era un momento tenso, porque las cosas que la mujer estaba a punto de contar eran las mismas que habían iniciado esta batalla de venganzas que nos tenía a todos ahora sentados en la misma mesa, con el ambiente tan tenso que podría tomarse como un puñado de melaza.
Después de darle un último trago a su vaso de agua, se puso