Todas las personas en la sala se quedaron prácticamente anonadadas. Incluso la mismísima Alexandra pasó saliva y le pidió que repitiera a Nicolás, y este lo hizo, asintió con vehemencia y claridad para que la mujer entendiera perfectamente lo que él había querido decir.
— Te dije que vayas a su casa, que yo voy a irme con Alana.
La mujer volteó a mirarme. Pude ver en la expresión en su rostro una confusión y una rabia que nunca le había visto. Y entonces sentí que podía darle un poco de lo que