Alexandra era una muchacha voluntariosa. Toda la vida siempre había hecho lo que le daba la gana. Por lo poco que supe, su matrimonio con Nicolás había sido un acuerdo por parte de ambos. Ambos necesitaban un matrimonio; ninguno lo había hecho por amor, no era más que un convenio. Pero a ella, más que a cualquiera, le importaba mantener esa reputación. Era la hija de un político importante y no podía darse el lujo de que su esposo andara en habladurías, sobre todo ahora que había salido mi entrevista, en la que hablaba de Nicolás y también en la que decía que no era culpable.
Imaginé que para muchos, en la entrevista fue bastante evidente que no quise culparlo directamente. Tal vez habían comenzado las habladurías de que entre él y yo aún había… sería. Ella debía defender lo que se supone le correspondía.
Y entonces, cuando me miró, sus ojos se posaron en mi corazón.
— Siempre lo supe — dijo, mientras caminaba hacia mí con gesto arrogante. Sus tacones sonaban con fuerza mientras cam