137°

El auto se detuvo frente a la casa. Las dosis aún estaban encendidas a pesar de la hora. Yo me sentía tan agotada, habían pasado tantas cosas. Valentín estaba afuera, sentado en la pequeña banca del corredor con su celular en la mano. En cuanto vio que el auto se detuvo frente a la casa, cortó la llamada y se quedó ahí sentado. Tampoco es como que pudiera ponerse demasiado de pie; la herida en su pierna era demasiado reciente.

Con ayuda de un par de hombres de Cristo logramos bajar a Nicolás de la camioneta y sentarlo en la silla de ruedas. Lo empujé con dificultad a través del estrecho pasillito lleno de hierba y piedras que daba entrada a la casa. Cuando ambos hombres estuvieron cara a cara, tuve el impulso de salir corriendo. Tal vez eso fue lo que debía haber hecho: salir corriendo en vez de quedarme ahí como una observándolos.

— Ya nos habíamos visto — dijo Nicolás.

Valentín guardó un muy largo silencio.

— Sí, pero eran otras circunstancias. No sabía que eras mi hermano ni el
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