La tarde cayó sobre la mansión como una sombra espesa.
El cielo seguía cubierto, y las nubes parecían colgar tan bajas que casi rozaban las torres de piedra. Adentro, el silencio se mezclaba con el rumor distante de la lluvia golpeando los ventanales. Era un silencio inquietante, de esos que no traen paz sino advertencia.
Sabrina permanecía sentada junto a la ventana, con una taza de té enfriándose entre sus manos. Miraba sin ver. Desde el jardín, los rosales se mecían con el viento, y por un m