Ocho años se habían deslizado en la hacienda. Las estaciones mexicanas habían pasado con su ritmo predecible de sequía y lluvia, y cada ciclo era una capa más de tierra sobre la tumba del pasado. La mentira era tan vieja y profunda que ya no era una mentira. Era la historia de la familia Cruz.
La luz de la tarde de un sábado de finales de octubre se filtraba a través de los cristales del gran salón, llenando el espacio con un color ámbar. La sala no tenía el boato frío de un castillo, sino la c