El amanecer se filtraba tímido por las cortinas gruesas de la habitación.
Sabrina abrió los ojos con lentitud. Por un instante, no recordó dónde estaba. El techo alto, el olor a cuero, el aire frío y perfumado… nada de eso era suyo. Luego, la memoria regresó como una bofetada: el bar, los disparos, la sangre, Enzo Bianchi.
El miedo le recorrió el cuerpo como una corriente eléctrica. Se sentó de golpe, con el corazón martillándole el pecho. La habitación estaba vacía, pero la sensación de ser ob