—El Emir ha confirmado la recepción de los últimos códigos, —informó Franco, cerrando su portátil. Su voz sonaba cansada, pero la liberación era palpable—. Ya no hay nada que nos vincule a la red europea. Se acabó.
—Bien, —dijo Enzo, sin emoción. Su mente estaba fija en la habitación contigua, donde la espera de Sabrina era una presencia tangible y dolorosa—. Abel, prepara el despegue para esta noche. Solo para Sabrina y Ángela. No perdemos un minuto más.
Abel asintió, su pulcritud intacta incl