El sol de la tarde se había movido, cambiando la paleta de la biblioteca de ocres y ámbares a tonos más fríos de malva y gris. La luz ya no se filtraba con la misma intensidad a través de los vitrales, y el aire, antes denso, parecía haberse enrarecido con el esfuerzo mental. Sabrina había estudiado durante horas, inmersa en las complejidades de la jurisprudencia, y la disciplina había actuado como un bálsamo, calmando el temblor interno que le había dejado el encuentro de la noche.
Cerró el gr