El ala oeste de la mansión estaba envuelta en una penumbra elegante. El pasillo que conducía a la biblioteca era más estrecho y silencioso, como si estuviera diseñado para aislar el conocimiento del ruido del mundo. Cuando Sabrina abrió las dobles puertas de madera de nogal, se detuvo en el umbral, su aliento quedó suspendido.
El impacto sensorial fue inmediato y abrumador.
No era solo una habitación, era un santuario. El aire interior era denso, fragante con el aroma embriagador del cuero anti