Alexander
Estaba seguro de lo que había escuchado, pero necesitaba confirmarlo. Sujeté el teléfono con fuerza mientras mi mandíbula se tensaba.
—¿Estás seguro de lo que dices, Dean? —pregunté con la voz cargada de incredulidad.
—Así es, señor. Balearon a varios de nuestros hombres cuando transportaban la mercancía a los japoneses. Fue durante el traslado en el bote.
Sentí un escalofrío recorrer mi espalda. Esto no solo era un golpe a nuestros negocios, sino también una declaración de guerra.
—