Cordelia
Mi trasero ya estaba dolido por haber pasado horas sentada en el suelo frío de la celda.
Cerré los ojos una vez más y respirando hondo.
Me concentré en la energía de este lugar, en la posibilidad de encontrar alguna presencia atrapada entre estos muros.
Pero no había nada.
Solo el sonido de la respiración pesada de Zeiren y el silencio sofocante del calabozo.
Frustrada, exhalé con fuerza y volví a intentarlo. Ignoré el dolor en mis músculos por estar tanto tiempo en la misma posición