Zeiren
Me quedé quieto.
La respiración aún me costaba, como si el aire no supiera si quería quedarse en mis pulmones o abandonarme del todo. Mis manos temblaban. Tenía la piel rasgada, los huesos dolían como si cada uno hubiera sido forjado de nuevo a martillazos.
Y entonces la vi.
Cordelia.
Deslizándose hacia mí como si no pisara el suelo, como si su propia presencia desplazara la realidad para abrirle paso. No llevaba la túnica negra esta vez. Era ella. Mi Eloah. O eso quise creer.
Me arrodil