Zeiren
Una figura sin forma. Sin rostro. Sin tiempo.
Y sin embargo… lo reconocí.
El Creador.
La Presencia. El Origen.
Cordelia bajó la cabeza a mi lado, pero no por rendición. Fue respeto, asombro, comprensión.
La luz que lo rodeaba no lastimaba. Sanaba.
Y aún así, dolía. Porque nos veía. Nos juzgaba.
Y todo se detuvo. Los ángeles no dijeron nada. Solo nos miraron. Los demonios corrieron a esconderse en las sombras.
Yo tragué saliva. Sentía el cuerpo temblar, no de miedo, sino de… vacío. Como