Capítulo 86: Adiós

Zeiren

Una figura sin forma. Sin rostro. Sin tiempo.

Y sin embargo… lo reconocí.

El Creador.

La Presencia. El Origen.

Cordelia bajó la cabeza a mi lado, pero no por rendición. Fue respeto, asombro, comprensión.

La luz que lo rodeaba no lastimaba. Sanaba.

Y aún así, dolía. Porque nos veía. Nos juzgaba.

Y todo se detuvo. Los ángeles no dijeron nada. Solo nos miraron. Los demonios corrieron a esconderse en las sombras.

Yo tragué saliva. Sentía el cuerpo temblar, no de miedo, sino de… vacío. Como
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