Zeiren
La casa estaba en silencio.
Pero no de ese silencio incómodo, como el que reina en el Cielo.
Este era otro. Uno lleno de cosas vivas.
De palabras susurradas casi sin aliento.
De promesas que colgaban en el aire y se concretaban una vez al mes.
La Ciudad de los Renegados había cambiado. Ya no olía a ruina. Ya no gritaba abandono.
Había faroles encendidos, calles de tierra pero limpias. Diferentes lugares para socializar, para convivir sin miedo.
Y en medio de todo eso… nuestra casa.
No er