Martín finalmente leyó los resultados. Sus ojos se llenaron de alivio mientras un suspiro se escapaba de sus labios, y una pequeña sonrisa se asomaba en su rostro. Era su hijo. No cabía duda. La verdad estaba allí, en sus manos.
—¡Es mi hijo! —dijo con una firmeza que dejó sin aire la habitación.
Lola, quien había estado observando con la tensión marcada en sus ojos, sintió cómo la rabia crecía en su pecho. Había confiado en que Martín rechazaría al bebé con solo sus palabras y el video que ella