Todo el baño estaba inundando de una espesa capa de vapor mientras el agua cae como cascada sobre el cuerpo desnudo de Vecka y Xylos, quien la sostuvo con una delicadeza que contrastaba con la violencia de horas atrás. Ella permanecía de pie, apoyada contra el amplio pecho del alfa, con la cabeza recostada bajo su mentón, mientras él se aseguraba de que cada rastro de sangre desapareciera de su piel.
No hablaban, ya que no era necesario.
Las manos del alfa recorrían su cuerpo con cuidado reverencial, limpiando primero sus brazos, luego su espalda, evitando el vientre salvo para apoyarla cuando sus piernas flaqueaban, Vecka cerró los ojos, dejándose guiar por él, sintiendo cómo el temblor que había quedado atrapado en su cuerpo comenzaba, por fin, a disiparse.
El agua se llevó la sangre, pero no el recuerdo, Xylos apoyó la frente contra la de ella, respirando hondo.
—Estás a salvo —murmuró, más para convencerse a sí mismo que a ella.
Vecka asintió lentamente.
—Lo sé… contigo.
Él