La respiración de Vecka era lenta, profunda, acompasada con la de Xylos. La mano de ella se hundía con suavidad en el cabello del alfa, desordenándolo sin pensar, mientras su otra palma descansaba sobre el torso desnudo del alfa. Cada movimiento era lento, cuidadoso, como si temiera romper aquel instante frágil que tanto había necesitado.
Xylos permanecía inmóvil, excepto por la mano grande y cálida que reposaba sobre el vientre de Vecka. Sus dedos se movían apenas, describiendo círculos lent