Vecka permanecía desnuda, sentada sobre Xylos, con el cuerpo aún tibio y la respiración acompasándose lentamente a la de él. No había palabras entre ellos, solo el sonido de sus pechos subiendo y bajando, el roce de la piel húmeda por el sudor y esa calma extraña que solo llegaba después de haber compartido algo profundo, casi salvaje.
Su mundo parecía haberse detenido unos segundos para permitirles existir únicamente el uno para el otro.
El amanecer comenzaba a filtrarse por la ventana, ti