Vecka permanecía desnuda, sentada sobre Xylos, con el cuerpo aún tibio y la respiración acompasándose lentamente a la de él. No había palabras entre ellos, solo el sonido de sus pechos subiendo y bajando, el roce de la piel húmeda por el sudor y esa calma extraña que solo llegaba después de haber compartido algo profundo, casi salvaje.
Su mundo parecía haberse detenido unos segundos para permitirles existir únicamente el uno para el otro.
El amanecer comenzaba a filtrarse por la ventana, tiñendo la habitación de tonos dorados y suaves. La luz caía sobre la espalda de Vecka, delineando la curva de su vientre, y sobre el rostro de Xylos, que permanecía relajado, con una mano grande apoyada con cuidado en la cadera de ella, como si temiera que incluso el más mínimo movimiento pudiera romper ese instante.
Vecka dejó caricias lentas en el cuello del rey alfa, aspirando su aroma, ese olor profundo y ha bosque que siempre la hacía sentir a salvo. Era una mezcla de él y de ella, del lob