—¿Por qué no me lo dijiste?
En la cabaña dedica al rey vampiro y Nisha permanecían tranquilos, Kaiser esperaba esa pregunta por parte de su hermana mientras el fuego crepitaba en la chimenea. Él estaba de pie, observando las llamas sin verlas realmente.
Aunque la voz de Nisha no fue suave, pero tampoco fue acusadora. Ella fue directa, precisa, como un filo que ya había decidido dónde cortar.
Kaiser no se giró de inmediato.
—No estaba seguro —respondió tras unos segundos.
Nisha avanzó un paso, cruzándose de brazos.
—Encontraste a una mujer idéntica a Sybil —continuó—. Su misma voz, y rostro, apenas alterado por generaciones humanas, y aun así decidiste callar.
Kaiser cerró los ojos. No había ira en su rostro. Había algo peor.
Culpa.
—Quería confirmar algo primero —dijo finalmente—. No iba a arriesgarme a equivocarme.
Nisha ladeó la cabeza.
—¿Confirmar qué? — Kaiser giró por fin hacia ella. Sus ojos, usualmente arrogantes, estaban desnudos para ella.