Cuando los cuerpos del anciano y los dos purasangre fueron hallados en la Cámara de los Durmientes, no hubo escándalo inmediato. No hubo caos. Solo una quietud antinatural, una pausa colectiva en la que cada vampiro sangrepura comprendió lo que aquello significaba.
La sangre no se había derramado por debilidad.
Se había derramado por decisión, por Kaiser.
El salón del consejo se llenó en cuestión de minutos. Estaba tallado completamente en mármol negro, con un domo en forma de cúpula que imitaba un cielo sin estrellas. La mesa principal, larga y curvada, estaba hecha de madera preciosa pulida. Cada vampiro ocupó su lugar en aquella mesa.
El nombre de Kaiser no había sido pronunciado en voz alta… y aun así, todos lo sentían en la sala. Fue entonces cuando Nisha apareció.
No caminó como los demás. No mostró urgencia ni temor. Flotaba, más que caminar. Su cabello negro parecía absorber la luz de las lámparas, y su mirada era serena, como siempre, ya sabiendo lo que iba a ocurri