Kian despertó de golpe, con el pulso acelerado y la sensación incómoda de no estar donde debía. El techo sobre él no era el de la cabaña que compartía con Axel. Era alto, blanco, con molduras elegantes y una lámpara de cristal que reflejaba la luz de la mañana con una claridad demasiado limpia. Tardó apenas un segundo más en notar que no estaba solo.
Su cuerpo se tensó al sentir el frío de ese cuerpo a su lado. Giró la cabeza con cautela, como si temiera que cualquier movimiento brusco activa