El rey vampiro mantenía los brazos cruzados, apoyado contra la pared con esa arrogancia que le era natural. Sus ojos escarlata brillaban de irritación contenida mientras observaba a Xylos como si fuera una criatura inferior, algo que únicamente existía para fastidiarlo.
Xylos, en cambio, tenía las manos hechas puños. Su respiración era pesada, casi un gruñido, y cada fibra de su cuerpo estaba tensa. La presencia de Kaiser lo desquiciaba; era evidente.
—Deberías escuchar a tu luna, chucho pu