El rugido de Xylos rompió el bullicio.
—¡Mirren! —tronó su voz, vibrando desde lo más profundo de su pecho—. ¡Ayuda a mi luna o juro que te mato aquí mismo!
La doctora, aún temblando, reaccionó de inmediato. Su cuerpo débil se movió con torpeza, pero el terror la impulsaba. Cayó de rodillas junto a Vecka en el momento que Xylos la levantaba en sus brazos con la facilidad de quien sostiene algo irremplazable.
—Dame espacio… d-déjeme verla… —balbuceó Mirren, luchando por mantener la compost