—Es real. Muy real.
Y la besó. Un beso lento al principio, labios rozando labios, pero pronto se volvió voraz. Su lengua invadió su boca, reclamándola, mientras sus manos grandes se posaban en la cintura de su luna, atrayéndola hasta el sofá, ella quedó a horcajadas sobre sus muslos. El pequeño vientre abultado de Vecka, apenas redondo, rozó el torso duro de Xylos; él lo acarició con reverencia, los pulgares trazando círculos sobre la piel tensa.
—No puedo evitar ser posesivo contigo —susurró