Todo estaba tibio e impregnado con un olor a bosque y lavanda, por un instante, Vecka no supo dónde estaba; el peso del brazo de Xylos rodeando su cintura le devolvió la memoria con una calidez que la desarmó. Sus ojos se acostumbraron poco a poco a la claridad, y entonces lo vio, el alfa dormía profundamente, con su rostro relajado, ceño ligeramente fruncido, aunque casi siempre se mantenía de ese modo. Descansando en una expresión serena. Parecía más joven así, menos alfa lleno de muchos comp