—¿Alguna vez te has arrepentido de algo? —preguntó Vecka en voz baja, observando cómo el vapor del baño escapaba por la rendija de la puerta iluminada.
La habitación estaba en penumbra, iluminada solo por la luna mientras fuera la nieve cae sin un momento de pausa.
—¿Arrepentirme? —repitió la voz grave de Xylos desde el interior—. Eso haría suponer que tengo remordimientos.
Vecka sonrió con suavidad, jugueteando con una de las almohadas.
—Y no los tienes.
—Muchos —respondió él, dejando oír