La promesa de Evander flotó en el aire helado, pesada y absoluta, sellando el destino de ambos en medio de la nieve manchada de sangre.
Iris intentó apartar el rostro, pero el agarre del Alpha en su nuca era de un hierro inquebrantable. La brutalidad silenciosa que irradiaba el hombre la mantenía cautiva, atrapada en su respiración lenta y cálida.
El mundo alrededor de ellos parecía haber desaparecido. Los aldeanos heridos y los cadáveres de los sectarios desaparecieron bajo el peso de la mira