El inmenso castillo del Norte quedó sumido en un silencio total y absoluto.
Las horas de la madrugada avanzaron con lentitud. En la inmensidad de la Gran Biblioteca, la única vela que iluminaba la mesa central comenzó a consumirse hasta convertirse en un pequeño charco de cera derretida.
Iris no logró mantener los ojos abiertos por mucho tiempo más.
El abrumador desgaste emocional de la jornada y la inmensa paz que le trajo el descubrimiento terminaron por vencer sus defensas. La joven princesa