La oscuridad de la alcoba era verdaderamente absoluta.
Evander dejó de respirar por completo bajo el peso de las mantas.
El líder de la manada norteña se quedó paralizado. Su gran mano descansaba sobre el vientre descubierto de su esposa. El calor bajo su palma no era un simple reflejo del sueño. Era un pulso constante.
Una vibración dorada y llena de vida que golpeaba contra su piel con una fuerza innegable.
Su instinto de Alpha se disparó de golpe.
Los agudizados sentidos del lobo no necesita